Cocktail: el formato que desarrolla Apple para reemplazar los discos

30 julio 2009

mp3

Para nadie es novedad que el CD de música es un formato moribundo. ¿Pero quién lo reemplazará? Esa pregunta ya está respondida en parte: el mp3 ya lo hizo. La gran parte de los consumidores de música almacenan sus canciones y discos en el popular formato digital, que privilegia el alto nivel de compresión por sobre la calidad.

Pero a diferencia de todo el resto de los formatos (los discos vinilos, los casetes, los CD y varios otros con menos éxito, como los minidiscs de Sony), el mp3 no fue desarrollado por la industria de la música, sino por los propios usuarios según sus propias necesidades.

Por lo mismo, los mp3 no son del todo aceptados por los músicos. Es un formato que tiene poco de “arte”, e ignora el “disco” como unidad artística básica de la música popular. La  mayoría de la gente almacena solo las canciones más exitosas de los albumes, y el resto las desecha. Además, el mp3 como formato digital hace innesario la producción visual de un disco: la carátula y el libro, un aspecto fundamental en los discos de décadas pasadas.

Todo esto hace pedir a gritos un nuevo formato, amigable para los consumidores pero también para los músicos. Si alguien está pensando en un nuevo formato físico (como un disco esfera o algo por el estilo), está muy perdido, ya que el futuro (y el presente) está en la digitalización. La gran mayoría de los mortales, estamos condenados a escuchar la música por el PC o en el iPod u otros reproductores.

Ese es el camino que está siguiendo Apple en su apuesta para reemplazar el CD: el Cocktail. El nuevo nuevo formato de álbum digital unirá canciones, vídeos, libretos digitales, además de entrevistas con los artistas e información interactiva para actualizar el disco de toda la vida .

Según el Financial Times, este nuevo formato saldría a la luz pública a fines de año. Por mientras, seguimos descargando mp3’s…

Anuncios

Los sicólogos versus Wikipedia

29 julio 2009

rorschach

Estás en un test sicológico. El sicólogo te muestra una ilustración con una mancha de tinta y te pregunta: ¿qué ves? Todos reconocemos esa escena, y a más de alguno la habrá experimentado. Se trata del Test de Rorschach, una prueba que busca comprender cómo piensa el individuo según sus interpretaciones de las 10 láminas que conforman el examen.

El test, publicado en 1921, no tiene respuesestas buenas o malas, sino decisiones que reflejan la personalidad. El tema es que luego de realizar el test por tantos años, los sicólogos conocen las respuestas más comunes y lo que significan.

El problema es que un sicólogo publicó en el artículo del Test de Rorschach de Wikipedia las 10 láminas del test, lo que ha enfurecido a un grupo de sus colegas que guardaban ese conocimiento celosamente.

Por ejemplo, alguien que tiene que dar el test para entrar a un trabajo podría indetificar y memorizar gracias a Wikipedia las respuestas que tiene que dar para que le den el trabajo. En el fondo, falsear tu personalidad para adaptarla al perfil que busca la empresa, algo no muy nuevo a decir verdad.

Otro conflicto es que hay empresas que se dedican a comercializar estas láminas, cuando uno podría simplemente imprimirlas desde Wikipedia.

Independiente si tienen razón o no, la causa de los sicólogos es inutil. Aunque han anunciado que demandarán a la fundación Wikimedia, lo único que lograrán es que otros sitios suban las láminas, y por revuelo del escándalo, que más gente las busque y suba a la web.

Es muy parecido al caso de la caricatura de Mahoma que publicó el diario danés Jyllands-Posten en 2005.  A menos que seas el gobierno chino o una gigante de las telecomunicaciones, no puedes impedir que exista cierto contenido en internet.

vía The New York Times

Para los que se olvidaron de Mr. Bush, les dejo su Test de Rorschach:

bush_rorschach_test


La literatura digital

29 julio 2009

La digitalización no es solo el traspaso del conocimiento de un formato tradicional a uno digital, sino también el comenzar a hacer actividades que se hacían en el “mundo real” en el digital. Tal es es caso de la literatura digital, como explica en el siguiente video Diana Morales,  autora de lamaladelapelicula.com presente en el Campus Party Valencia 2009.


El MoLab: ayudando a conservar los tesoros europeos

29 julio 2009
From the outside, the van is nondescript. It doesn’t even have a diagonal red stripe. But inside, a hard-traveling team of art conservators packs an arsenal of high tech gear: an atomic-force microscope, a micro-Raman spectroscope, a nuclear magnetic resonance relaxometer. They’re like the A-Team, only with black turtlenecks and Gauloises.
The mobile laboratory — aptly code-named MoLab — is tasked with protecting cultural treasures. Sponsored by the European Commission, it’s better equipped than the cash-strapped museums that now rely on MoLab for scientifically sound data on the chemical composition of priceless works of art. Ideally, knowing, say, what sort of resin Mark Rothko used or which pigments are in a medieval manuscript can help determine the best ways to preserve the objects. And those findings also help ease the tension between curators, whose main goal is to display works, and conservators, whose job is to guard them from the ravages of time. “The art community is very protective,” says Bruno Brunetti, the team’s scientific coordinator. “They do not want you to move them or take samples. But once we carry out the measurements, they are surprised how much information can be obtained.”
In five years on the road, MoLab has analyzed everything from a pre-Columbian Mixtec codex in the British Museum to expressionist paintings, such as Angst and Puberty, at the Munch Museum in Oslo. MoLab can even track an artist’s style and methods — in 2005, the team found a sketch for da Vinci’s The Last Supper under the surface of another one of his paintings at London’s National Gallery. Expect more discoveries in the future: The European Commission just greenlit MoLab to keep museum-hopping the continent for another four years.

El gran enemigo de los museos es el paso del tiempo. Por ello la Comisión Europea está auspiciando una interesante forma de apoyar a los miles de museos repartidos por el continente: el MoLab, o laboratorio móvil.

Por fuera, el MoLab parece ser una van cualquiera, pero por dentro, cuenta con modernos equipos, como un microscopio atómico y una micro-espectroscopía Raman.

El objetivo del programa es ayudar a proteger los tesoros de los museos mediante exámenes científicos, tales como la composición química o las dimensiones exactas de los objetos. Así, los encargados de la preservasión podran realizar mejor su trabajo y conservar valiosas piezas, como cuadros, manuscritos y libros, por algunos tantos años más.

Al estilo Código da Vinci, los científicos del MoLab hicieron un asombroso descubrimiento en 2005: un bosquejo de La Última Cena de Leonardo da Vinci debajo de la superficie de otra de sus pinturas.

vía Wired

st_molab_f


Samsung presenta su nuevo lector de libros electrónicos

29 julio 2009

samsungereader

Crece la competencia en el mercado de los lectores de libros digitales.  Al Kindle de Amazon y el Reader de Sony ahora se suma el SNE-50K de Samsung, que posee una pantalla táctil de 5 pulgadas y una resolución de 600 x 800 pixeles.

Con una pulgada menos que la pantalla del Kindle 2, el  SNE-50K  (¿no enconraron un nombre mejor?) pesa apenas 200 gramos, mide 9 milímetros de grosor y tiene pocos botones.

¿Lo malo? No tiene 3G, Wifi y su memoria interna es de apenas 512 megabytes, donde caben 400 libros. Además,  solo estará disponible en Corea por este año y llegará a otros países en 2010.

Cómo Samsung no tiene intereses en la industria editorial como Amazon, firmó un acuerdo con la librería coreana Kyobo Bookstore para que los usuarios puedan comprar sus textos.

A pesar de las evidentes debilidades del dispositivo de Samsung, siempre es bueno que más contendores entren a la competencia, más aún cuando uno de las firmas tiene tantas ventajas, como es el caso de Amazon.

Sin embargo, aun se ve lejos la masificación de los lectores de libros electrónicos en el resto del mundo. ¿Cuánto vamos a tener que esperar en América Latina para poder tener nuestro propio Kindle u otro dispositivo? ¿Acaso Amazon está buscando firmar un jugoso acuerdo con una de las descaradas empresas de telecomunicaciones locales, que nos cobrará más del doble de lo que sale en EEUU, como ocurrió con el iPhone? A rezar que no…

vía Fayer Wayer

posee una pantalla táctil de 5 pulgadas y una resolución de 600 x 800 pixelesposee una pantalla táctil de 5 pulgadas y una resolución de 600 x 800 pixeles.

Por qué la música de hoy suena tan mal

25 julio 2009

altafidelidad

Hace un par de año encontré en la Rolling Stone uno de los mejores artículos que he leído sobre la digitalización de la música, titulado “The Death of High Fidelity: in the age of MP3s, sound quality is worse than ever”.

La nota,  escrita por el compositor y musicólogo Joe Levine, comienza desde una gran pregunta: ¿por qué, si contamos con más tencología, los discos actuales suenan tan mal, comparados con los desde hace algunas décadas atrás? Dejando de lado el tema artístico, Levine explica cómo los productores han privilegiado ciertos factores, como el volumen y el impacto, por sobre la calidad y la riqueza de sonidos.

¿Cuál sería la razón? Al parecer, el desarrollo tecnólgico y la dura competencia ha provocado una estandarización de los sonidos. En definitiva: todos suenan profesionales, pero a la vez iguales. Además, gran parte de la músca va a parar a reproductores de baja calidad: los pequeños parlantes de tu computador o los aurículares de tu iPod. Los ingenieros saben esto y lo tienen en cuenta cuando hacen su trabajo.

Por ejemplo el útimo disco de grandes éxitos de Elvis, cuyas canciones suenan mucho más saturadas que las originales. Los ingenieros encargados en “remasterizar” las canciones del Rey argumentan que lo hicieron pensando en que tenían que competir con el sonido del último disco de los Foo Fighters: el que logre un mayor impacto va a tener el derecho de ser elegido para el viaje familiar.

Frente a toda esta corriente, hay algunos como yo que han vuelto a los formatos originales, ya sean los CD o los discos de vinilos. ¿Por qué? Simplemente porque suenan mejor, aunque muchos puedan pensar que es volver a la edad de piedra.

Les dejo la traducción bastarda del artículo en la Rolling Stone argentina, pero a los más interesados les recomiendo leer el artículo original en inglés, que  incluye consejos prácticos para mejorar la calidad de lo que escuchas.

La muerte de la alta fidelidad

Volumen, compresión y MP3 contra la profundidad y la emoción musical. ¿Por qué en la era de los mayores avances tecnológicos la calidad sonora empeoró como nunca?

No tengo nada contra los MP3. Por un lado, sería como remar contra la corriente, y además la ventaja de almacenar 11.345 canciones en mi iTunes es insuperable. Lo único que debo pensar es qué tengo ganas de escuchar. Pero es innegable la desmejora de fidelidad que provoca esta conveniente compresión. Al plantearme qué se pierde al cambiar de formato pasé una semana completa escuchando música en vinilo, CD y iTunes (archivos a una compresión baja de 128, “una mierda”, según el iPod).

Empecé con uno de mis discos favoritos del año, Sound Of Silver, de LCD Soundsystem. Era la primera vez que lo escuchaba en vinilo y al principio pensé que no había tanta diferencia. Pero luego, en el tema “All My Friends”, la noté: las baterías, reales, no electrónicas, sonaban con una claridad que nunca antes había escuchado. El CD sonaba bien, aunque estaba convencido de que los bajos suenan más cálidos en el vinilo. Ni yo ni cualquier otra persona que lo haya escuchado habría notado la distinción entre el CD y los archivos comprimidos.

Una copia en vinilo de Crooked Rain, de Pavement, resultó una revelación. Nunca sonó tan vital. Los fetichistas del vinilo siempre hablan sobre lo que “estuvo ahí”: esta es música que fue hecha por gente en una habitación, no por una computadora. Quizá sea porque conozco el disco de cabo a rabo, pero los archivos AAC sonaban terrible, con la compresión empujando los bajos al fondo y aplastando los agudos hasta algo latoso e insufrible. Tanto los archivos comprimidos (AAC o MP3) como el CD son el equivalente a escuchar una copia de esta música, aunque si uno no escuchara el original quizá nunca se daría cuenta.

La más grande diferencia, ciertamente un resultado de la remasterización, la descubrí en Imaginede John Lennon. En el vinilo, el track que da título al disco era tal cual lo recordaba, con el foco en Lennon y mucho espacio para la instrumentación. Pero el CD me metió de lleno adentro del piano, en donde pude escuchar con mucha claridad; aunque seguramente esto no era lo que él y Phil Spector habían pretendido de la grabación. Pasé a los archivos comprimidos, donde las cuerdas sonaban como un sintetizador tratando de emular cuerdas. ¿La canción sonaba arruinada o apenas empobrecida? No exactamente, pero me sentí incómodo por los cambios que imprimió el formato digital. Este es el modo en el que la música sobrevivirá: como una lámina de ilustración en un libro de arte, mientras el original se guardará en un museo por aquellos que aún conservan sus bandejas giradiscos.

Desanimado, retorné a LCD Soundsystem, dejando que iTunes reprodujera un álbum adoptado por la era digital. Quizá sea el poder de la sugestión, pero me quedé pensando si los archivos comprimidos no inspirarán la fatiga auditiva de la que habla Rob Levine en su nota. Con el vinilo, tenía que levantarme para dar vuelta las caras del disco, pero haciéndolo me sentía excitado. Ahora, ansío un cambio del sonido y me contenté pulsando la opción aleatoria “shuffle”. Y sentí que, de todos modos, todo estaba bien.

Por Joe Levy


La disculpa de Amazon por borrar libros de los Kindle

25 julio 2009

Hace una semana, Amazon cometió el error de borrar varios títulos del autor británico George Orwell (autor de clásicos como “1984” y La Granja de Orson “Animal Farm”) de los Kindle, sin hacerle ninguna pregunta a sus propietarios. ¿Por qué? La compañía se percató que no tenía los derechos para comercializar los libros en formato digital.

¿La reacción? Cientos de usuarios criticando el “robo” o al menos una clara violación a sus derechos de propiedad.

Tratemos de visualizar una situación similar en el mundo real. Entras a una librería y compras un libro. Luego de algunos días, el vendedor se da cuenta que se equivocó y no debió haber colocado ese título en la estantería y menos vendértelo, por lo que decide ir a tu casa (que el mismo te vendió), abrir la puerta con su propia llave, sacar el libro de tu velador (quizás incluso fisgonear entre tus otros artículos personales) y llevárselo.  Cuando llegas a tu casa, encuentras una pequeña nota del vendedor explicandote la situación, más el dinero que pagaste por el libro. ¡Plop!

Despúes de todo el debate que se armó en internet el propio fundador de Amazon, Jeff Bezoz, de disculpó públicamente por los hechos:

“Esta es una disculpa por la manera en que previamente tomamos ilegalmente copias vendidas de 1984 y otras novelas del Kindle. Nuestra “solución” al problema fue estúpida, inconsciente, y dolorosamente alejada de nuestros principios (…) merecemos las críticas que hemos recibido. Usaremos la cicatriz de esta dolorosa equivocación para tomar mejores decisiones en el futuro” (vía FayerWayer).

El problema real no es la mala administración de los derechos de los libros de Orwell por parte de Amazon. Negligencias de este tipo han ocurrido siempre y en todas las industrias. El problema es que Amazon no se hizo cargo del problema y pasó a llevar a sus clientes.

Otra duda que salta son los potenciales problemas que pueden surgir en un mercado donde la misma compañía controla los contenidos (los libros) y el soporte (el Kindle). Si se hubiera tratado de dos empresas distintas, es muy posible que esto no hubiera pasado. Pero en este caso, Amazon no tuvo ninguna barrera, ni moral ni física, para acceder libremente a los Kindle de los usuarios sin pedir ningún tipo de permiso.